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Transplante de mioblastos
en el fallo cardíaco.
Myoblast transplantation
for heart failure
P. Menasché, et al Hospital
Bichat Claude Bernard. Paris, France.
El transplante intramiocárdico de músculo esquelético
se ha demostrado en estudios experimentales que mejora la función
cardíaca tras el infarto. Publicamos el éxito de este
procedimiento en un paciente con fallo cardíaco isquémico
severo. Implantamos mioblastos autólogos de músculo
esquelético en la cicatriz postinfarto durante una cirugía
de bypass coronario de zonas distales de miocardio. Cinco meses
después, se demostró evidencia de contracción
y viabilidad de la cicatriz tratada, con ecocardiografía
y con PET (positron emission tomography). Aunque estos resultados
son prometores, requieren validación con estudios adicionales
A pesar de los avances médicos y quirúrgicos,
el fallo cardíaco, sobretodo de origen isquémico,
es la patología que más frecuentemente condiciona
la vida de estos pacientes. La patofisiología de esta enfermedad
es multifactorial, aunque la pérdida de células cardíacas
-que no se pueden regenerar-, es el principal factor que juega.
El injerto de células musculares en un miocardio dañado
es una acercamiento prometedor para el tratamiento del fallo cardíaco.
Nosotros, y antes de nosotros otros, hemos mostrado la eficacia
del trasplante intramiocárdico de miocardiocitos fetales
y mioblastos esqueléticos autólogos en el modelo animal
de fallo cardíaco isquémico. Los Mioblastos también
conocidos como células satélites-, que normalmente
descansan en un estado de latencia en la memebarana basal de las
fibras musculares maduras, tienen propiedades que pueden ser usadas
con fines clínicos: origen autólogo, facilidad para
la proliferación en cultivo in-vitro, exclusiva diferenciación
en células musculares, alta resistencia a la isquemia.
Un varón de 72 años presentó fallo cardíaco
refractario (New York Medical Assosiation class III) debido a un
infarto de miocardio inferior extenso, y a un infarto crónico
anterolateral sufrido en el pasado. La fracción de eyección
media en la ecocardiografía era del 21% (DE 2, media de cinco
mediciones realizadas en 10 meses antes de la cirugía) con
una extensa aquinesa de la pared posterior y una hipoquinesia severa
de la pared anterior y lateral. La ausencia de viabilidad de la
pared posterior del ventrículo lateral se expresaba por una
persistente aquinesia tras la administración de baja dosis
de dobutamina. Una respuesta bifásica (viabilidad refleja
e isquemia), fue observada en la pared anterolateral con el uso
de baja y alta dosis de dobutamina.
La falta de viabilidad de la pared posterior se confirmo con el
PET (I-glu), sin embargo, se observó la viabilidad de las
áreas anteriores y laterales del ventrículo izquierdo.
La coronariografía mostró oclusión de la descendente
anterior izquierda en su porción proximal, con relleno distal
por colaterales, una importante estenosis de la rama diagonal, y
oclusión proximal de la coronaria derecha. Estos hallazgos
eran una indicación clara para la revascularización
miocárdica anterolateral. Debido a la severidad del fallo
cardíaco y a la ausencia de viabiliad de la pared posterior
del ventrículo izquierdo, tomamos la decisión de intentar
optimizar los efectos de la cirguía de bypass mediante el
trasplante de mioblastos en la pared posterior del ventrículo
izquierdo para mejorar la función cardíaca. Este procedimiento
fue aprobado por nuestro comité de ética asistencial.
El paciente recibió una completa información sobre
el procedimiento y posteriormente el consentimiento informado por
escrito.
Tras la aplicación de anestesia local, tomamos una biopsia
del vasto externo a través de una incisión de 5 cm.
Tras tratar la muestra, colocamos la suspensión celular en
un medio de cultivo músculo-específico. Calculamos
el número total de células. Tras dos semanas, la biopsia
muscular cultivada estaba constituida por un total de 800*106
células, de las que el 65% eran mioblastos (identificados
por citometría de flujo como CD56 positivas). Todos los controles
microbiológicos fueron negativos. Dos semanas posteriormente
a la biopsia, se realizó la cirugía de bypass, con
medida profiláctica de inserción de balón de
contrapulsación intraaórtico. Antes de la inserción,
el gasto cardíaco era de 1 litro/minuto con una saturación
venosa de oxígeno del 55%.
Reperfundimos las arterias coronarias diagonal y descendente anterior
con la vena safena y la arteria mamaria interna izquierda respectivamente,
bajo circulación extracorporea y cardioplejia. El área
del infarto fue entonces fácilmente visualizada en la pared
posterior del ventrículo izquierdo. Inyectamos 33 suspensiones
celulares, diluídas en 5ml de albúmina en el interior
y la periferia de los puntos blancos de la necrosis con una aguja
de 17 G diseñada específicamente para permitir la
creación de canales subepicardicos en un patrón vesicular.
El tiempo de clampaje aórtico fue de 56 minutos, de los que
16 se reservaron a las inyecciones celulares. No se produjeron sangrados
en los lugares de punción. Tres días después
de la cirugía se retiraron el soporte médico y mecánico
del paciente. El paciente se recuperó sin incidencias y fue
dado de alta días después de la cirugía.
En cinco meses de seguimiento se demostró una mejoría
del estado clínico del paciente, pasando a la clase II de
la NYHA. El régimen de medicación no sufrió
modificaciones. No se desarrollaron arritmias en un Holter 24 horas.
En cuatro estudios seriados de ecocardiografía mensuales
desde la cirugía, mostraron que la fracción eyección
media del ventrículo izquierdo era del 30% (DE 1). La contractilidad
segmentaria había mejorado tanto para la pared anterior como
la posterior, demostrándose que se podía contraer
(el acortamiento sistólico se incremento desde indetectable
antes de la cirugía, hasta el 40% después). Otros
hallazgos ecocardiográficos incluían la aparición
de un gradiente de velocidad transmiocárdica con imagen doppler
y un incremento de la contractilidad del ventrículo izquierdo
en su pared posterior tras la administración de dobutamina.
El PET mostró una clara imagen de captación de trazador
en la pared posterior, con una tasa de actividad entre la pared
y el septo, que había incrementado de 0.5 antes de la cirugía,
a 0.7 después, que refleja actividad metabólica de
nueva instauración en un área de cicatriz postinfarto
previamente no viable.
Estos resultados sugieren que la mejora de la función del
área cicatricial se debe probablemente al injerto de mioblastos.
Los datos pueden haberse modificado por la asociación de
revascularización miocárdica. No obstante, nuestro
uso combinado de ecocardiografía y PET se opone a este argumento
porque incluso un incremento de la perfusión después
de la cirugía por colaterales originadas por las áreas
puenteadas (bypass), no se esperaría que causaran recuperación
funcional de un área que no mostraba captación del
trazador antes de la cirugía.
Nuestros hallazgos muestran la utilidad del trasplante de mioblastos
autólogos en infartos de miocardio en humanos. Se necesitan
el seguimiento prolongado de muchos pacientes para asignar con seguridad
los casos, antes de que ensayos de control de eficacia puedan llevarse
a cabo para determinar el papel del transplante de mioblastos esqueléticos
autólogos para el tratamiento del fallo cardíaco isquémico
severo.
P.Menasché et
al. Myoblast transplantation for heart failure. The Lancet. 357,
279-80 (2001)
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